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Vista del abismo, de Tomás González. El cuento breve como forma de conocimiento

La narrativa latinoamericana en lengua española lleva décadas lidiando con un problema que los propios escritores del continente conocen mejor que nadie: el peso del realismo mágico como etiqueta que lo simplifica todo y que hace difícil que el trabajo de precisión, de contención, de relato breve sin efectos especiales encuentre su lugar en el mercado europeo. Tomás González es el tipo de escritor que ese peso ha invisibilizado durante demasiado tiempo.

Vista del abismo reúne una veintena de relatos cortos del narrador colombiano, ganador del Premio Manuel Rojas Iberoamericano de Narrativa 2025, y es un libro que exige lo que la mayoría de los libros de relatos exige y muy pocos lectores están dispuestos a dar: una atención sostenida, sin red, sin la promesa de que la trama se encargará de llevarlos de aquí a allá. Los cuentos de González no llevan a ningún sitio en particular. Miran.

Hay que insistir en una cosa: mirar, en la narrativa corta, es el gesto más difícil. Requiere que el autor sepa exactamente cuándo entrar y cuándo salir de una escena, qué dejar dicho y qué dejar sin decir, cómo construir en quince páginas el peso emocional que una novela reparte en trescientas. González lo sabe. Sus personajes —en su mayoría colombianos de origen humilde, gentes del campo o de ciudades medias, con vidas que no tienen nada de excepcional hasta que las circunstancias las quiebran por algún punto imprevisto— se instalan en la memoria porque no aspiran a la alegoría. Son lo que son, y eso basta.

La recepción que ha tenido el libro en España ha sido tibia, que es la manera educada de decir que ha pasado por las librerías con menos atención de la que merece. Esto no es inusual: los libros de relatos de autores latinoamericanos que no llevan el apellido Bolaño o Villoro tienen difícil acceso al debate crítico en este país, salvo que vengan precedidos por un premio de gran visibilidad. El Premio Manuel Rojas debería servir para algo más que para una nota a pie de página.

Vista del abismo se va a seguir leyendo. Y cuando González ocupe el lugar que le corresponde en las conversaciones sobre la mejor narrativa en español de estos años —que lo ocupará—, habrá quien recuerde haberlo leído ahora y habrá quien lo descubra tarde. Mejor leerlo ahora.

— Ana María Olivares

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