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Erietta, de Clara Pastor. La novela que Acantilado publica sin aviso y sin disculpas

Hay editoriales que funcionan como un contrato con el lector. Acantilado es una de ellas. Cuando Acantilado publica una novela en español —no en traducción, en castellano original— eso ya es una declaración: apostamos por esto. No venimos a hacer catálogo, venimos a señalar algo. Erietta, la nueva novela de Clara Pastor, es esa clase de apuesta.

Pastor lleva publicando ficción desde hace años, con una trayectoria que la crítica ha leído con respeto pero sin el entusiasmo que merecía. Hay un tipo de autora española —culta, precisa, con una relación con la literatura europea que no pide permiso y no exhibe— que no termina de encontrar su lugar en los suplementos de fin de semana. Erietta puede ser el libro que cambie eso.

La novela lleva el nombre de una mujer. Eso, que podría no decir nada, aquí dice bastante. No es un título que explique ni un título que intriga por el misterio: es un título que nombra. Y nombrar, en la tradición literaria en la que se mueve Pastor, es un acto con consecuencias. Erietta existe porque la novela la nombra, y la novela la nombra porque hay algo en esa existencia que merece ser dicho con este rigor y con esta extensión.

Conviene decir desde el principio que Erietta no es un libro fácil. No lo es en el sentido en que Acantilado casi nunca es fácil: exige atención, exige tiempo, exige estar dispuesto a que la historia se cuente al ritmo que la historia necesita y no al que la industria editorial ha normalizado. Eso es una virtud. A estas alturas del año, después de meses en que los suplementos han estado llenos de novelas que se leen en dos tardes y se olvidan en una, Erietta llega como un recordatorio de para qué sirve la literatura cuando se hace con conciencia.

Hay una escritura que en España se ha vuelto demasiado funcional: eficiente, correcta, sin costuras visibles, sin riesgos. Pastor hace lo contrario. Su prosa tiene la densidad de quien sabe que una frase puede cargarse de sentido si se la trata con cuidado, y que ese cuidado no es un defecto de velocidad sino una condición de profundidad. No es fácil sostener eso a lo largo de una novela completa. En Erietta lo sostiene, con algún trecho en que el esfuerzo se nota más de la cuenta, pero con una convicción formal que no se ve con frecuencia.

Se ha dicho poco de este libro en los medios generalistas, y eso dice más de los medios que del libro. La crítica literaria española tiene un problema serio con lo que no se deja resumir en tres frases para la web, y Erietta no se deja. Eso no es un defecto de comunicación: es una condición del tipo de literatura que Pastor está escribiendo.

Conviene decir también esto: que Erietta llega en un momento en que el debate sobre qué narrativa española merece atención crítica seria está en un punto particularmente activo. La respuesta de Pastor no es polémica ni es una toma de postura en ese debate: es simplemente un libro bien hecho. Y a veces eso es lo que más molesta, porque no da pie a discutirlo en los términos en que el debate está armado.

Este es el tipo de libro al que merece la pena dedicarle una discusión larga, y más de una.

— Ana María Olivares

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