Libros y LecturasReseñas y Crítica

Donde Álvaro Pombo. Una enumeración incompleta, de Mario Crespo. Una biografía escrita con el biografiado delante

La biografía de un escritor vivo plantea un problema que la de un muerto no tiene: el biografiado puede leerla. Esa circunstancia, que podría parecer una limitación, es probablemente lo más interesante de Donde Álvaro Pombo. Una enumeración incompleta, de Mario Crespo, que Anagrama publica el 21 de octubre y que recorre la vida del escritor desde su infancia en Santander hasta su vida actual en Madrid, según la información de la crítica que ya la ha anunciado.

Conviene ubicar al autor y al sujeto. Crespo, descrito en la prensa como escritor y amigo de Pombo, ha trabajado, según se ha contado, «en colaboración estrecha con el protagonista». Eso define el pacto del libro. No se trata de una biografía a distancia, hecha con archivos y testimonios ajenos, sino de una escritura acompañada por el biografiado, con las ventajas y las servidumbres que ello implica: acceso a lo que solo el protagonista puede contar, y el riesgo, siempre presente, de que la voz del retratado acabe gobernando la del retratista.

Pombo, por su parte, ha declarado sentirse «muy honrado y agradecido» y estar «esperando con diversión las revelaciones estrambóticas y terribles que Mario va a hacer de mi existencia». La frase es suya y es, en sí misma, una pequeña lección de su manera de situarse ante la propia vida: la ironía como forma de cortesía, la distancia ligera como modo de no tomarse del todo en serio lo que más importa. Merece la pena subrayar el adjetivo «estrambóticas», porque anticipa el tono que cabe esperar en una vida que él mismo, al parecer, concibe como materia novelesca.

El título añade una advertencia de método. Una «enumeración incompleta» confiesa su condición provisional, renuncia a la biografía total y adopta, en cambio, la forma de la lista, que es la del inventario: se enumeran cosas, lugares, personas, hechos, y se admite que falta algo. No es una decisión menor. Frente a la biografía que pretende cerrar un sentido, el inventario deja abierta la interpretación y confía en que sea el lector quien establezca las conexiones. Queda por ver qué ordena esa lista: si un orden cronológico, temático o caprichoso, y la elección, que será la verdadera tesis del libro, solo puede juzgarse con el texto delante.

Lo interesante aquí reside en que el recorrido, de Santander a Madrid, tiene una geografía muy precisa y, por tanto, una posibilidad de relato. Un niño que crece en una ciudad de provincias, de clase y tiempo determinados, y que acaba convertido en un escritor con una obra propia y reconocible, ofrece una trayectoria que casi se cuenta sola. La dificultad, como en todo género biográfico, no está en reunir los hechos sino en decidir cuáles interesan y qué orden de causalidad se les impone. Una enumeración, justamente por ser incompleta, evita esa trampa: no explica por qué fue lo que fue.

No obstante, hay un riesgo que conviene nombrar. La biografía autorizada, o compartida, tiene la tendencia a la celebración; el afecto del amigo y la colaboración del protagonista empujan hacia el homenaje. Que esto ocurra o no es algo que solo la lectura dirá. Un buen biógrafo es el que sabe ser fiel al personaje sin ser cómplice de su autoimagen, y la ironía de Pombo hace pensar que él mismo agradecería no ser tratado con unción.

Hay, además, una cuestión de fondo sobre el género. La biografía de un escritor es una forma extraña de crítica: obliga a decidir cuánto de la obra se explica por la vida y cuánto la desborda. Un biógrafo que además es amigo conoce la tentación de explicar los libros por los episodios, y la que le corresponde resistir es la contraria, la de dejar que los libros respondan por sí mismos. Un inventario incompleto es, a este respecto, una cautela razonable: enumera sin concluir y deja al lector la tarea, siempre delicada, de unir los puntos.

Es, en cualquier caso, una de esas apuestas que hay que seguir con atención. Los escritores vivos que merecen una biografía suelen recibirla tarde o mal, y que un libro se emprenda con el interesado de testigo es una oportunidad rara. Si Crespo ha sabido aprovecharla, tendremos algo más que un retrato: una conversación larga entre un hombre y quien lo mira, dejada por escrito antes de que se enfríe.

— Antonio Isidro Graña Ojeda

Noticias relacionadas

La República, de Jorge Volpi. Un senador, un algoritmo y la política convertida en ciclos emocionales