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Los amores paralelos, de Mayte Uceda. Dos hermanas y una España que se parte en dos

Les confieso una debilidad poco prestigiosa en estos tiempos de tanto fruncir el ceño: me gustan las novelas que cuentan una buena historia y no piden disculpas por ello. Las que entienden que enganchar al lector no es un pecado, sino un oficio, y de los más difíciles. Los amores paralelos, de Mayte Uceda, es una de esas, y conviene decirlo sin remilgos.

La novela se sitúa en la Asturias de los años treinta y sigue a dos hermanas cuyas decisiones sentimentales acaban colocándolas en bandos opuestos. Una se acerca a un mundo más conservador; la otra, al universo obrero. Lo que empieza como asunto del corazón se va volviendo asunto de época, porque el tiempo histórico —y aquella Asturias lo tenía a punto de estallar— termina partiendo por la mitad lo que era íntimo. No hace falta que les recuerde lo que se cocía en aquellas cuencas en aquellos años.

Uceda maneja con soltura ese cruce de lo privado y lo colectivo. Sabe cuándo apretar la trama y cuándo dejar respirar a los personajes, y construye una Asturias que se ve y se huele, documentada sin que la documentación pese. Las dos hermanas no son maniquíes al servicio de una tesis: tienen razones, cada una las suyas, y el lector acaba entendiendo a las dos aunque tomen caminos que las enfrentan. Eso, en la novela popular, no es tan común como parece.

No esperen aquí una revolución formal ni la pretensión de reinventar el género. No va de eso, y mejor así. Lo que hay es narración de la buena, de la que respeta al lector y no le hace trampas: una historia bien armada, con su pulso, sus secretos y su carga emocional medida. Y en un panorama donde tanta novela histórica se conforma con disfrazar un folletín de lección de historia, encontrar una que cumple su parte del trato es de agradecer.

Tiene además ese mérito que no se le reconoce bastante a la narrativa popular cuando está bien hecha: lleva a mucha gente a interesarse por un tiempo y un lugar de nuestra historia que conviene no olvidar. Si después de cerrarla alguien busca qué fue de verdad de aquella Asturias, la novela habrá hecho algo más que entretener.

Si buscan una de esas novelas que se llevan por delante una tarde entera y además dejan poso, esta cumple. Léanla sin complejos, que leer para disfrutar no necesita justificación, y menos cuando quien escribe sabe lo que se hace.

— Andrés Ignacio García-Pérez Tomás

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