Tengo una deuda antigua con Claudio Magris. La contraje en los noventa, en una librería de viejo de Madrid donde encontré un ejemplar de Danubio con las páginas algo torcidas y el nombre de un desconocido en la primera hoja. Lo compré por tres razones: el precio, la portada, y porque el librero —que era de los que todavía sabían de qué hablaban— me dijo «este no te lo dejes». No me lo dejé. Llevo desde entonces convencido de que Magris es uno de los pocos escritores europeos que ha entendido que la historia no es un telón de fondo sino el suelo que pisamos.
Cruz del Sur confirma esa convicción y la lleva a un territorio nuevo. Si Danubio era un viaje por el corazón de Europa siguiendo el trazado de un río, este libro nuevo mira hacia otro hemisferio, hacia esa constelación que los marineros del sur usaban para orientarse cuando el norte les quedaba invisible. La metáfora es exacta y Magris sabe exactamente lo que está haciendo con ella: navegar —y él siempre navega, en sentido literal y figurado— es encontrar puntos de referencia cuando el horizonte no los da.
Lo que Magris hace en Cruz del Sur es difícil de clasificar, como todo lo suyo. No es un ensayo en el sentido académico, aunque haya en él más erudición que en diez tesis doctorales. No es una novela, aunque haya en él más personajes de los que caben en muchas. Es lo que Magris lleva toda la vida escribiendo: prosa de pensamiento, esa forma de unir la reflexión con el relato y la memoria con la geografía hasta que las cuatro cosas son una sola y resulta imposible separarlas. No mucha gente sabe hacer eso. Magris lo hace como quien respira.
Permítanme señalar una cosa que me parece importante: la traducción. Leer a Magris en español requiere traductores que entiendan que traducir su prosa no es trasladar palabras sino trasladar un ritmo, una cadencia que tiene mucho de música y algo de marea. La edición que nos llega por Anagrama cumple con esa exigencia, que no es poca.
Les diré también lo que este libro no es: no es fácil. Magris no escribe para quien busca un libro de viajes con anécdotas amenas. Escribe para quien está dispuesto a dejarse llevar por una mente que funciona de una manera que no se parece a casi ninguna otra. Hay páginas en Cruz del Sur que exigen releer, que piden que uno se detenga y vuelva atrás. No porque el autor sea oscuro —no lo es— sino porque el pensamiento que contienen merece más de un vistazo.
Los escritores que importan son los que siguen sorprendiendo cuando ya llevan décadas publicando. Magris lleva más de medio siglo en esto y Cruz del Sur es un libro que sorprende, que abre preguntas que no estaban abiertas antes de leerlo. Eso, a estas alturas, es lo más parecido a un milagro que puede ofrecer la literatura.
Cómprenlo. Y léanlo con calma, sin prisa, que es como se merece todo lo que costó trabajo hacer.
— Andrés Ignacio García-Pérez Tomás








