Libros y LecturasReseñas y Crítica

Esto ha sucedido, de Juan Gabriel Vásquez. Crónica de una realidad en disputa

Reunir en volumen las columnas escritas al filo de la actualidad es una de las operaciones más reveladoras, y más arriesgadas, que puede acometer un escritor. El artículo de opinión nace con fecha de caducidad: responde a un acontecimiento, discute con un adversario que el lector tiene presente y se apoya en un clima que dentro de un año habrá cambiado. Cuando esas piezas se ordenan y se encuadernan, o bien se apagan como fuegos artificiales ya vistos, o bien revelan que debajo de la urgencia latía un pensamiento continuado. Esto ha sucedido, el volumen con que Juan Gabriel Vásquez recoge sus columnas de la sección de opinión de El País, pertenece con claridad al segundo caso.

Conviene advertirlo de entrada, porque el nombre del autor invita al equívoco: este no es un libro de ficción. Vásquez (Bogotá, 1973) es uno de los novelistas más sólidos de la lengua, autor de Los informantes, Historia secreta de Costaguana, El ruido de las cosas al caer, que le valió el Premio Alfaguara y el IMPAC de Dublín, Las reputaciones, distinguida por la Real Academia Española, La forma de las ruinas, Volver la vista atrás, ganadora del Premio Bienal Mario Vargas Llosa, y Los nombres de Feliza. Pero es también un ensayista constante —El arte de la distorsión, Viajes con un mapa en blanco, La traducción del mundo— y un traductor de Conrad, de Victor Hugo y de E. M. Forster. Esa doble condición explica la textura del libro: quinientas veintiocho páginas de prosa argumentativa escritas por alguien acostumbrado a pensar en escenas y a desconfiar de las abstracciones que no pueden narrarse.

El título procede de una frase de Proust según la cual la tarea del escritor consiste solamente en decir que esto ha sucedido cuando sabe que, en efecto, ha sucedido. La elección no es decorativa, sino programática: en un tiempo en que la disputa ya no versa sobre la interpretación de los hechos, sino sobre su existencia misma, la modestia de esa fórmula se vuelve casi beligerante. El libro se organiza en un prólogo, tres bloques y un epílogo, y el primero de esos bloques, titulado «Instrucciones para no ser sonámbulos», se ocupa de Trump, de Putin y de Zuckerberg, tres nombres que el autor no agrupa por comodidad polémica, sino porque comparten un mismo modo de administrar lo que la gente cree saber. Cabe anotar una discrepancia menor: la contraportada fecha el arranque de la serie en 2020, mientras que el propio Vásquez precisó en Qué Leer, el pasado 7 de marzo, que los artículos comienzan en 2021. El dato importa poco para el lector y bastante para el crítico, porque recuerda que estamos ante una selección y no ante un diario.

El eje conceptual del volumen, sin embargo, se sitúa antes: en 2016, el año en que posverdad fue elegida palabra del año y que Vásquez señala como el punto exacto de quiebre, aquel en que la realidad dejó de existir como terreno común. La pandemia funciona como segunda gran transformación, y el libro tiene el acierto de no tratarla como un paréntesis sanitario, sino como el momento en que la desconfianza organizada encontró por fin un asunto sobre el que ejercerse a diario. De ahí que los temas se encadenen sin esfuerzo: la manipulación de la información, la polarización, la censura, los riesgos de las redes, la deriva de la libertad de expresión, la política latinoamericana y los desafíos de un periodismo obligado a demostrar que existe.

Merece la pena subrayar lo que el autor escribe en el prólogo, porque describe con exactitud el desplazamiento que sufre cualquier artículo al entrar en un libro: aquellas piezas quisieron convencer en su día, mientras que el volumen que ahora se publica «quiere conversar y comprender». La distinción no es una coquetería retórica. Un artículo de prensa se escribe contra alguien; un libro de artículos se lee con alguien al lado. Y es precisamente en ese cambio de temperatura donde Esto ha sucedido gana su condición de ensayo, porque las columnas dejan de ser respuestas y pasan a ser fases de un razonamiento que el lector puede seguir de principio a fin, con sus rectificaciones y sus persistencias a la vista.

La crítica de Vásquez a las plataformas se apoya en el concepto de capitalismo de vigilancia acuñado por Shoshana Zuboff, y lo hace con la prudencia de quien sabe que la denuncia tecnológica envejece deprisa. Alicia Fernández de Arcaya, en El Generacional, leyó el conjunto como la historia, contada por fragmentos periodísticos, de una especie que ha trasladado sus lugares de sociabilidad y de comunidad a lo virtual, y la fórmula acierta: por debajo de los asuntos del día hay un relato antropológico, el de una comunidad que se desplaza sin advertir que el desplazamiento la transforma.

Como toda recopilación, el libro paga su peaje. Hay reiteraciones inevitables, argumentos que vuelven con distinta ropa y una atención a la política colombiana y latinoamericana que exigirá del lector español algo más de contexto del que las columnas, escritas para otro momento, pueden proporcionarle. No obstante, la sospecha de la mera compilación se disipa pronto, porque la ordenación tiene tesis y el epílogo la cierra en lugar de limitarse a despedirla. Queda un libro incómodo en el mejor sentido, que no promete remedios ni administra indignación, y que confía en algo tan modesto como decir lo que ha sucedido cuando se sabe que ha sucedido. En el ruido actual, esa modestia es una forma de coraje.

— Antonio Isidro Graña Ojeda

Noticias relacionadas

En el camping, de Soledad Puértolas. Diez relatos sobre lo que dejamos de decirnos