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Tinta y sangre, de Han Kang. Una herida anterior al Nobel

La concesión del Premio Nobel a Han Kang en 2024 tuvo, entre sus consecuencias previsibles, la de activar el mecanismo editorial que convierte a un autor en catálogo de urgencia. Lo que no era tan previsible es que ese mecanismo acabara produciendo uno de los hallazgos más interesantes de la temporada: Tinta y sangre, novela escrita en 2010 y traducida ahora al español por primera vez, sitúa a la escritora coreana en el espacio exacto en que su obra empezaba a tomar forma.

El libro fue escrito entre La vegetariana y La clase de griego, y esa posición en la cronología no es un dato neutro: es la clave de lectura. Tinta y sangre comparte con ambas novelas la obsesión central de Han Kang — el cuerpo como archivo del sufrimiento, la escritura como acto simultáneo de herida y de curación — pero lo hace con una estructura más próxima al thriller psicológico que a la prosa lírica de sus obras más conocidas. Es un libro de transición en el mejor sentido: uno en el que se ven las costuras y las costuras son interesantes.

La trama gira en torno a una investigadora que estudia la relación entre el arte, la ciencia y el trauma individual. La convención del thriller le da a Han Kang un andamiaje narrativo que sus novelas posteriores fueron abandonando progresivamente, pero que aquí sirve para sostener una exploración filosófica que ya era entonces, en 2010, profundamente suya. La pregunta que atraviesa el libro — qué hace el arte con el dolor que no puede nombrarse de otra manera — es la misma pregunta que recorre toda su obra. Leer Tinta y sangre después de conocer esa obra es una experiencia que tiene algo de arqueología: se ve el origen de lo que después se volvería inconfundible.

La traducción de Random House, a cargo de Sunne Yoon, mantiene la tensión entre el registro lírico y el analítico que caracteriza la prosa de Han Kang, tarea nada sencilla tratándose de una lengua tan alejada del castellano en sus mecanismos sintácticos.

No es la novela más lograda de Han Kang. Ese lugar corresponde, con argumentos sólidos, a Actos humanos o a La clase de griego. Pero Tinta y sangre es algo que a veces resulta más valioso que la obra maestra: el libro en el que se aprende cómo piensa un escritor antes de saber del todo lo que quiere decir. Y eso, para los lectores que han llegado a Han Kang por el Nobel, es un punto de entrada de otro calibre.

— Antonio Isidro Graña Ojeda

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