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El susurro del fuego: Javier Castillo abrasa Tenerife con un thriller sobre la fragilidad de vivir

El susurro del fuego: Castillo abrasa Tenerife con un thriller sobre la fragilidad de vivir

Javier Castillo regresa con El susurro del fuego, una novela que rompe con su patrón habitual y se atreve a explorar territorios más íntimos y filosóficos sin renunciar al misterio que lo ha convertido en un fenómeno global con más de dos millones y medio de ejemplares vendidos. Publicada el 1 de octubre de 2025 por Suma de Letras, esta octava entrega marca un hito en su carrera: por primera vez ambienta una historia en España, concretamente en Tenerife, convirtiendo el paisaje volcánico en un personaje más que amplifica la sensación de peligro, transformación y belleza efímera.

La historia arranca en 2019 con una premisa potente: Mario y Laura Ardoz, hermanos mellizos, viajan a las islas Canarias después de que él reciba su última sesión de quimioterapia. Ella cree que ese viaje es la mejor manera de volver a empezar tras el cáncer, de celebrar la vida que casi se les escapa entre los dedos. Pero Mario sufre una recaída que lo mantiene ingresado en el hospital un par de días. A su salida descubre que su hermana ha desaparecido y su móvil la ubica en un paraje desolado por la lava, cerca del Teide, ese gigante dormido que todo lo observa. Se inicia así una búsqueda contrarreloj y una lucha con el fuego que parece abrirse bajo sus pies, no solo el fuego literal de los volcanes canarios, sino el fuego simbólico: ese que arde por dentro cuando sabes que algo o alguien se está acabando.

El escritor malagueño ha querido dar un paso más allá del simple thriller. Aquí no solo importa resolver un misterio, sino entender por qué los personajes actúan como lo hacen, qué heridas cargan, cómo lidian con la pérdida y la culpa. El fuego actúa como metáfora de transformación, peligro y purificación, invitando a reflexionar sobre los lazos familiares y las decisiones que marcan nuestras vidas. Mario y Laura son el eje emocional de la historia, y sus decisiones y emociones generan tensión constante, permitiendo al lector conectar con sus miedos y esperanzas. El autor confiesa que los temas que siempre le han interesado siguen ahí: el amor, el dolor, la familia, la religión, pero quería ir más allá, que hubiera algo más a lo que aferrarse, un sentido a la vida. Quizá por eso eligió España como escenario por primera vez: necesitaba pisar el mismo suelo que describía, escuchar las mismas voces, mirar el mismo cielo que miran sus personajes.

Castillo convierte a Tenerife en algo más que un simple escenario: la naturaleza se siente viva, incontrolable, y refuerza esa sensación de que todo puede romperse en cualquier momento. Hay algo muy poético en cómo el autor utiliza el fuego, como amenaza, como metáfora, como verdad inevitable, para hablar de la vida, del amor y del miedo a la muerte. La novela tiene la ambientación más real y cercana de cualquier otra obra del autor, porque este lugar sí lo ha visitado, porque los personajes del libro son de aquí. Los griegos creían que los dragos brotaban de la sangre derramada en combate por los dragones, y algo de esa leyenda antigua late en la corteza de esta historia: la sensación de que la vida y la muerte se entrelazan, de que el tiempo no es más que un suspiro en la madera.

Como siempre, la lectura es muy fluida, y Castillo tiene esa capacidad de engancharte desde la primera página. Se agradece esa mezcla entre tensión narrativa y espacio para pensar. Con muertes, misterios y giros sorpresa, los ingredientes clásicos del thriller, el libro te abre los ojos e invita a parar y disfrutar de la vida. El mensaje es: saborea lo que comes, mira el cielo y siéntete pequeño. El susurro del fuego es una historia que habla del dolor, de la muerte, pero también de lo urgente que es vivir de verdad mientras se pueda. No se trata de una novela perfecta, pero sí una lectura que deja huella, que te hace pensar en lo frágiles que somos y en lo poco que controlamos.

Sin embargo, la novela no está exenta de críticas. En algunos tramos el ritmo baja un poco, ciertas reflexiones se repiten o no terminan de aportar algo nuevo. También hay giros que, si eres asiduo a leer tramas de thriller, puedes prever, y las sorpresas no siempre están a la altura. Algunos personajes secundarios resultan algo planos, aparecen más como piezas necesarias para mover la narrativa que como personas reales. Parte de la crítica señala que falta profundidad emocional y temática, que las descripciones de Tenerife, aunque presentes, deberían estar más trabajadas y cargadas de sentimiento para poder transportarnos verdaderamente. A pesar de ello, Castillo ha querido crecer como narrador, ir más allá de la fórmula que le ha funcionado tantas veces. Después de todo, no hay fuego sin riesgo y merece la pena sentir el calor de las llamas para avanzar. El susurro del fuego es ideal para lectores que buscan thriller con intensidad emocional, misterio y giros inesperados, pero también para quienes desean una reflexión sobre la memoria, el trauma y la belleza de lo efímero.

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