Hubo una tarde, hace algunos años, en que llegué a casa de una amiga y la encontré en el sofá con un libro que me señaló sin decir nada más. «Léelo», me dijo, y lo dijo de esa manera en que se señala algo importante, sin necesidad de muchas palabras. Era un ensayo. Me lo llevé y tardé en abrirlo, como siempre que uno siente que un libro le va a exigir algo. Cuando lo hice, no pude parar hasta el final.
Cuento esto porque El pensamiento erótico, el nuevo libro de Sara Torres, me ha producido una sensación parecida: la de estar ante algo que necesitaba existir y que yo, de alguna manera, llevaba esperando sin saberlo. Torres es poeta, también novelista, y en este ensayo las tres voces que la habitan —la poeta, la narradora, la lectora que piensa en voz alta— se trenzan en una conversación que no se puede interrumpir fácilmente.
El libro arranca desde una pregunta que parece sencilla y no lo es en absoluto: ¿cómo se ha representado el deseo a lo largo de la historia cuando ese deseo no encaja en el molde que se dio por universal? Torres no lo pregunta de manera abstracta. Lo recorre. Lo va rastreando en textos, en imágenes, en silencios, en aquello que la historia cultural dejó caer al margen como quien tira un papel que no sabe leer. Y el recorrido es apasionante precisamente porque lo hace con sus tres voces, que a veces coinciden y a veces se corrigen la una a la otra, como les pasa a las personas cuando piensan en serio.
Me ha llamado la atención, mientras leía, la manera que tiene Torres de usar la erudición. A mí siempre me han dado un poco de reparo los ensayos donde uno siente que el autor está, sobre todo, mostrando que ha leído mucho. Hay algo ostentoso en eso que, a la larga, cansa. Torres no cae en esa trampa. Su cultura está al servicio de lo que está pensando, no al revés. Cita a Safo y a Wittig y a Despentes como quien cita a alguien que ya conoces y de quien uno puede decir simplemente: tenía razón en esto. La familiaridad con los referentes es real. Se nota que no los ha convocado para la ocasión.
El ensayo avanza por capas, y hay una cosa que me ha gustado especialmente: Torres no da nada por sabido. No presupone en la lectora ni ignorancia ni conocimiento previo. Te va llevando de la mano por un territorio que a veces es muy conocido y a veces resulta completamente nuevo, y en ningún momento te sientes ni infantilizada ni perdida. Eso es mucho más difícil de conseguir de lo que parece.
No voy a decir que el libro es perfecto, porque tampoco lo creo. Hay tramos donde la prosa se espesa un poco, donde el ensayo busca demasiadas cosas a la vez y uno pierde momentáneamente el hilo. Pero esos momentos son los menos, y lo que queda es un libro que plantea preguntas que no caducan. Preguntas sobre el deseo, sí, pero también sobre cómo miramos el pasado, sobre qué decidimos que merece ser nombrado y qué dejamos caer en el silencio porque nos resulta incómodo o porque no sabemos qué hacer con ello.
Hay un párrafo, cerca del final, que tiene que ver con el modo en que el pensamiento erótico no es solo un pensamiento sobre el cuerpo o sobre el deseo, sino sobre la capacidad de imaginar vidas distintas de la vida que a uno le dieron sin pedir permiso. Eso me parece importante. Y me parece que está escrito por alguien que de verdad lo ha pensado, no por alguien que ha escrito sobre el tema porque tocaba.
Sara Torres lleva años siendo un nombre de esos que circulan entre lectoras que comparten libros como secretos. Con este ensayo merece salir de esa circulación más estrecha y llegar a lectores que quizás no sabían que la estaban buscando. Me alegro de que haya escrito esto. Y me alegro de que existan libros así, que no saben exactamente qué son —¿ensayo?, ¿poema largo?, ¿pensamiento en marcha?— y que por eso mismo son más libres.
— Ángela de Claudia Soneira








