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Mantequilla, de Asako Yuzuki. El crimen que huele a mantequilla

Llevaba tiempo oyendo hablar de esta novela japonesa. Los libreros la colocaban en las mesas de novedades con esa sonrisa cómplice de quien sabe que te van a gustar. Las reseñas en los suplementos culturales acumulaban adjetivos: perturbadora, adictiva, hipnótica. Yo desconfío de los adjetivos, que son la moneda de cambio de los críticos perezosos. Pero a veces los adjetivos perezosos tienen razón.

Mantequilla, de Asako Yuzuki, es exactamente lo que prometen sus elogios, y eso no le ocurre a todos los libros. Una periodista investiga a una mujer que ha sido condenada por asesinar a varios hombres adinerados que la mantuvieron económicamente durante años. El crimen, en apariencia, podría ser el núcleo de la trama. Pero Yuzuki es más lista que eso. El crimen es solo la puerta: lo que hay detrás es una novela sobre el deseo, sobre el poder, sobre cómo una sociedad decide qué cuerpos de mujer son aceptables y cuáles son amenazas.

La comida es en esta novela lo que el mar era en El viejo y el mar: no escenario sino protagonista. La condenada cocina. Cocina con mantequilla, con nata, con toda la grasa que la dieta japonesa moderna ha proscrito en nombre de la delgadez y la corrección. Cada plato que prepara es una declaración de principios, una forma de provocación dirigida no solo a sus víctimas sino al mundo que la juzga. Yuzuki ha construido una metáfora brillante sobre el exceso, el placer y el castigo que la sociedad reserva a quienes se permiten demasiado.

La periodista que la investiga, por su parte, es uno de los personajes más bien construidos que he leído en una novela japonesa. Su relación con la comida —su incapacidad para permitirse el placer, su culpa ante el hambre— es el espejo en negativo de la protagonista, y el diálogo entre ambas, a través de los barrotes y de los años, es donde la novela alcanza su mejor temperatura.

No se confunda el lector: esto no es un thriller al uso. Los giros argumentales existen pero no son el punto. El punto es la fricción entre dos maneras de habitar un cuerpo, dos maneras de entender el deseo, y la pregunta incómoda que la novela deja en el aire: ¿quién tiene la culpa, la mujer que se permite o la sociedad que condena?

La novela lleva meses en las listas de ventas de media Europa. A veces la masa tiene razón.

— Andrés Ignacio García-Pérez Tomás

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