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Animal colonial, de Rodrigo Rey Rosa. Lo que pasa cuando se mira de frente

Una cosa que me ocurre con ciertos escritores es que los tengo en la cabeza desde hace años sin haber llegado nunca al momento de leerlos. No sé si les pasa a ustedes. El nombre circula, la reputación llega, alguien te dice «tienes que leer a este» y uno lo apunta mentalmente y sigue. Rodrigo Rey Rosa era uno de esos nombres para mí. Discípulo de Paul Bowles, dicen siempre. Uno de los grandes narradores de Guatemala, dicen también. Lo tenía anotado y seguía sin abrirlo.

Animal colonial me lo puso delante alguien que conoce bien los libros latinoamericanos y que me dijo simplemente: «Este es el momento.» Lo leí en dos tardes largas, y ahora entiendo por qué llevaba años en esa lista imaginaria de pendientes: porque los libros llegan cuando tienen que llegar, y este llegó cuando yo podía leerlo bien.

La novela trata del poder y de la violencia en Centroamérica, y eso puede sonar como la descripción de una región o como un problema sin solución. Pero Rey Rosa no escribe sobre el poder de manera abstracta. Escribe sobre personas concretas, en situaciones concretas, en las que el poder se ejerce o se padece de maneras muy específicas. Eso es lo que diferencia este libro de otros que podrían parecer similares en la descripción: hay cuerpos, hay conversaciones, hay silencios que uno entiende sin que nadie los explique.

Hay una escena a mitad del libro que me pareció una de las más honestas que he leído en mucho tiempo sobre lo que significa ser testigo de algo que no se puede detener. Rey Rosa no la subraya. Pasa y sigue. Y uno se queda ahí un momento, sin avanzar, procesando lo que acaba de leer.

No sé si es un libro fácil. Tampoco creo que quiera serlo. Hay una austeridad en la prosa —heredada quizás de Bowles, pero ya completamente propia— que al principio puede desconcertar y que después se vuelve indispensable. Como esas personas calladas que al final resultan ser las más interesantes de la habitación.

Me alegra haberlo leído. Y me alegra que esté disponible en español. A veces los libros importantes vienen de lugares que el mercado editorial europeo mira con menos atención de la que merece, y Animal colonial merece toda la que uno pueda darle.

— Ángela de Claudia Soneira

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