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Mañana seguiré viva de Marta Pérez-Carbonell. Cuando el brillo se apaga y la verdad es lo único que queda

La fragilidad del mito: cuando el brillo se apaga y la verdad es lo único que queda

Marta Pérez-Carbonell publica su segunda novela, Mañana seguiré viva (Lumen, enero de 2026), y lo hace con la seguridad de quien ya demostró en Nada más ilusorio que sabe construir relatos en los que las palabras pesan, los silencios duelen y las historias que nos contamos a nosotros mismos tienen tanto o más poder que las que contamos a los demás. Esta vez la autora nos lleva a Capri, a un hotel donde Linda Rams, antigua estrella del cine de la época dorada, vive retirada de la vida pública, acompañada únicamente por Lorenzo Belmonte, el periodista que durante años desgranó sus anécdotas hasta convertirse en el único amigo que le queda, el único testigo que conoce las fisuras que la fama ocultó durante demasiado tiempo. No hay focos, no hay flashes, solo dos personas conversando en una terraza mientras el pasado regresa en oleadas de recuerdos que Linda ya no puede —o no quiere— contener.

Pérez-Carbonell se formó en literatura inglesa e hispánica, se doctoró en Londres especializándose en la obra de Javier Marías, y ahora ejerce como profesora de literatura española en Colgate University, Nueva York. Su prosa lleva la marca de quien conoce bien el oficio de narrar, esa mezcla de elegancia y precisión que no busca el efectismo gratuito sino la profundidad emocional contenida en cada frase. Mañana seguiré viva explora la complejidad del ser humano dividido en dos: el que se muestra cuando los otros observan y el que habita hacia dentro, en la oscuridad privada, en las zonas donde la culpa, la maternidad frustrada y los amores rotos dejan cicatrices que ninguna cámara puede captar. Linda Rams es una mujer que eligió el estrellato y pagó por él con heridas que marcaron su juventud, con una relación con su hija Silvia atravesada por la ausencia y el desencuentro, con la conciencia de que la libertad individual tiene un precio y ese precio a veces es el abandono de quienes más nos necesitan.

La novela plantea algo que en la tradición introspectiva española contemporánea tiene resonancia propia: la cuestión de la identidad construida frente a la identidad sentida, lo que somos para la galería frente a lo que somos en la intimidad, sin testigos. Linda recuerda películas que la convirtieron en leyenda, amores que no llegaron a ser, decisiones que tomó con el corazón acelerado y que ahora, en el retiro voluntario de una isla italiana, parecen heridas abiertas que no terminan de cicatrizar. Lorenzo, el periodista-amigo, actúa como espejo y confesor, como el único ser humano capaz de ver la sangre en sus manos y bailar con ella de todas formas, que es lo que la autora llama libertad terapéutica: alguien que concibe tu dolor sin juzgarte, alguien con quien puedes ser quien realmente eres sin pagar el precio del rechazo.

Pérez-Carbonell no hace concesiones al sentimentalismo fácil ni al retrato glamuroso del mundo del cine. Su Linda Rams no es una estrella caída en desgracia sino una mujer lúcida, consciente de las sombras que proyectó sobre otros mientras brillaba bajo los reflectores, especialmente sobre su hija Silvia, quien creció en los márgenes de una madre ausente que priorizó su carrera sobre los vínculos afectivos primarios. La maternidad y sus laberintos, la culpa heredada o autoimpuesta, las familias que uno elige frente a las que le tocan por sangre: todos estos temas atraviesan una novela que no ofrece respuestas fáciles sino preguntas incómodas sobre la responsabilidad afectiva, sobre lo que debemos a quienes traemos al mundo o a quienes amamos sin reciprocidad garantizada.

Con una prosa sugerente e hipnótica, como señala Cristina Oñoro en su valoración, la autora despliega un relato que celebra el poder de la narración para dar forma a quienes somos, que indaga en la manera en que las historias que contamos —incluso las que nos contamos a nosotros mismos— construyen identidad, justifican decisiones y a veces ocultan verdades que preferimos ignorar. Mañana seguiré viva tiene algo de ajuste de cuentas con el pasado, de ejercicio de honestidad brutal, de rendición de cuentas ante los fantasmas que una vida pública exitosa puede dejar a su paso. Linda Rams sigue viva, sí, pero la pregunta que late bajo cada conversación con Lorenzo es si esa vida que sigue merecía lo que costó, si el brillo compensó la soledad, si la fama fue suficiente refugio contra el dolor de no haber sabido amar a quien más lo necesitaba.

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