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“Realidades a medida” de Brandon Sanderson. Universos de quita y pon: cuando Sanderson juega a ser su propio multiverso portátil.

Universos de quita y pon: cuando Sanderson juega a ser su propio multiverso portátil

Hay autores que escriben novelas, y luego está Brandon Sanderson, que escribe sistemas solares completos y, cuando se aburre, te los mete en un tomo de 600 páginas como quien reúne tupperes en la nevera. “Realidades a medida” es justamente eso: un armario ropero que, al abrirlo, da a muchas puertas distintas, todas rotuladas con la misma caligrafía obsesiva y precisa del autor de “Mistborn” y “El Archivo de las Tormentas”. Lo publica Nova con su habitual empaque de gran estreno fantástico y con la fecha tan meditada como cualquier lanzamiento navideño de blockbuster: 11 de diciembre, ese momento del año en el que medio mundo está demasiado cansado para empezar un tocho nuevo, pero muy dispuesto a encadenar historias cortas como quien picotea turrón.

La etiqueta que acompaña al libro es clara: “recopilatorio de relatos no Cosmere”. Esa aclaración tiene algo de broma privada para el fandom y, a la vez, de aviso para navegantes. Aquí no hay que ir arrastrando mapas, cronologías ni foros de teoría conspirativa para enterarse de qué está pasando. Las historias de “Realidades a medida” se mueven entre la fantasía y la ciencia ficción, pero más allá del gran macroverso que ha hecho famoso a Sanderson, como si el autor se hubiera permitido la infidelidad controlada de escribir en otros códigos sin que su matrimonio con el Cosmere se resienta. La pieza central es “Momento Cero”, una novela corta inédita, flanqueada por nueve relatos que muchos lectores habían perseguido en ediciones sueltas, digitales o directamente inencontrables: “Instantánea”, “Estado perfecto”, “La defensa del Elíseo”, “Primogénito”, “Mitosis” y cuatro cuentos más que cubren el resto del abanico.

El efecto al leerlos en bloque no es el de una antología dispersa, sino el de asistir al laboratorio de Sanderson con la bata todavía puesta. En “La defensa del Elíseo” asoma el universo de “Escuadrón”; en “Mitosis” se oye el eco de los Reckoners; en otros relatos el autor prueba premisas casi matemáticas sobre identidad, realidad simulada o poder tecnológico, con la calma del que sabe que, si la cosa funciona, ya encontrará hueco para ampliarla en otro libro de 800 páginas. Leyéndolos se percibe algo que los fans sospechaban pero aquí se ve con claridad: Sanderson no sólo construye mundos enormes, también sabe ser incisivo cuando la página se estrecha. El ritmo, tan asociado a su fantasía épica, se adapta bien al formato breve; sigue habiendo “giros Sanderson”, pero empaquetados en dosis que caben en una noche de insomnio razonable.

Como lectora, lo que más me interesa de “Realidades a medida” no es el despliegue de fuegos artificiales —que los hay, y de muchos colores—, sino la sensación de estar viendo al escritor bajar un poco la guardia. En el Cosmere todo está tan medido que una se imagina pizarras llenas de flechas y diagramas; aquí, en cambio, parece divertirse probando voces, registros, incluso tonos de humor y melancolía que no siempre tienen hueco en sus grandes sagas. Hay relatos que dialogan con la tradición de la ciencia ficción más clásica, otros que se acercan a la distopía de manual y alguno que, si se mira bien, roza el cuento moral con gadgets futuristas de fondo. La gracia está en que Sanderson, incluso cuando coquetea con el tópico, lo hace con una eficacia casi impertinente: el engranaje se nota, pero el texto corre.

El volumen incluye notas del autor y una ilustración en blanco y negro para cada historia, un detalle que refuerza esa idea de “caja de juguetes” bien curada: el fan completista encontrará el mapa de tesoros perdidos que llevaba años reclamando, y quien llegue virgen al universo Sanderson tendrá un menú degustación razonable antes de decidir si se entrega al Cosmere o prefiere quedarse en estas realidades de quita y pon. El libro, eso sí, no es inocente: funciona como puerta de entrada y como ampliación del parque temático, y Nova lo lanza en el momento justo para que los lectores de género lo coloquen en la pila de auto-regalos de fin de año.

¿Recomendable? Para quien espere una novela unitaria con principio, nudo y desenlace al uso, la respuesta es matizada: este no es el Sanderson del gran arco épico, sino el del experimento controlado, el del “a ver qué pasa si…”. Para lectoras que disfrutan viendo cómo un escritor de maquinaria pesada se mueve en la forma breve, el volumen es casi obligatorio: deja ver las costuras, sí, pero también la mano firme que ha convertido a este señor de Nebraska en el rey abrumador de la fantasía contemporánea. Y, en un mes de diciembre tan lleno de reediciones y promesas de futuro, tiene algo de justicia poética que una de las novedades fuertes sea precisamente un libro de historias que reivindica el placer antiguo de sentarse, leer un cuento bien armado y, al terminar, quedarse pensando en la realidad que una misma está dispuesta a ajustarse.

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