Libros y LecturasReseñas y Crítica

Con nadie. Vida y destino del general Campins, de Lorenzo Silva: El hombre que eligió con los ojos abiertos

Con nadie. Vida y destino del general Campins, de Lorenzo Silva: El hombre que eligió con los ojos abiertos

Hay muertos que la historia entierra dos veces. La primera, bajo tierra. La segunda, bajo el silencio. Miguel Campins Aura fue de esos: un militar africanista que llegó a general en el convulso mayo de 1936, que conoció el Rif, que fue subdirector de la Academia de Zaragoza cuando Franco la dirigía, y que cuando llegó la hora de elegir bando, eligió lo único que tenía: su palabra. Ese hombre, fusilado el 16 de agosto de 1936 frente a las murallas de la Macarena por orden de Queipo de Llano, llevaba noventa años esperando que alguien le devolviera la voz. Lorenzo Silva se la ha devuelto.

Con nadie. Vida y destino del general Campins (Destino, 2026) es la novela número ochenta y nueve de un escritor que ha demostrado conocer mejor que nadie el territorio donde la lealtad se convierte en condena. Silva no construye aquí un héroe de cartón piedra. Campins, tal como él lo rescata, «se mueve en el terreno incómodo de las decisiones difíciles», según explica el propio autor. Y eso vale mucho más que cualquier estatua. Los hombres de cartón aguantan los embates de la historia sin inmutarse; los de carne, se quiebran o se mantienen, y Campins se mantuvo, con un coste que la novela no suaviza.

La estructura narrativa recorre su vida desde los barrancos del Rif hasta ese julio de 1936 en que Granada, la ciudad que acababa de recibir como destino, se convirtió en trampa. Silva elige el tempo lento del biógrafo que sabe que la fuerza del relato no está en los disparos sino en lo que ocurre antes de ellos: la formación de un carácter, la acumulación de silencios, los compromisos contraídos con uno mismo que después no se pueden romper sin destrozarse. «Eligió la conciencia antes que la sumisión, la lealtad a la palabra dada antes que la conveniencia», escribe Silva, y esa frase, aunque suene a epitafio, funciona como columna vertebral de toda la novela.

Lo que sostiene el relato emocionalmente no es, sin embargo, la historia militar. Es Lolita. El romance con su mujer es «un canto de sirenas que espera un milagro que nunca llega», y Silva sabe que ahí está la grieta por donde entra la luz. Campins era huérfano de madre desde niño y cargaba con una soledad que ni la carrera ni el amor pudieron cerrar del todo. Sin ese contrapunto íntimo, Campins sería solo un expediente. Con él, es un hombre.

El contexto político no está eludido sino administrado con precisión. Campins consiguió el fajín de general el 9 de mayo de 1936, con cincuenta y seis años. Cuatro meses después estaba frente a un pelotón de fusilamiento. Franco pidió clemencia a Queipo; Queipo se negó. El mismo día en que la sentencia se ejecutaba en Sevilla, Granada asistía al secuestro de Federico García Lorca. España, que tiene esa costumbre acreditada de matar a sus mejores hombres en el mismo amanecer, se superó a sí misma. Silva no necesita subrayarlo. Lo deja caer con la sobriedad del que sabe que los hechos, solos, pesan más que cualquier comentario.

Con nadie forma parte de una tradición literaria que se pregunta por los perdedores que tenían razón, por los que no traicionaron y fueron traicionados. No es la primera vez que la narrativa española aborda estas figuras, pero sí es una de las veces en que se hace con más rigor en la documentación y más honestidad en el retrato. Silva no convierte a Campins en un mártir impecable. Lo convierte en alguien que tuvo que elegir, que eligió con los ojos abiertos y que pagó por ello. Eso es lo que, a diferencia del mármol, dura.

Andrés García-Pérez Tomás

Noticias relacionadas

Sombras en la Corte de Pablo Díez Santos: El Madrid de Lerma, o cuando el poder ya tenía nombre propio