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Andalucía negra 2 de Custodio: Lo que el sol no borra

Andalucía negra 2 de Custodio: Lo que el sol no borra

Hay una Andalucía que no sale en los folletos de turismo. No es la de la luz blanca ni la del aceite verde ni la de los pueblos encaramados sobre la roca. Es la otra, la que trabaja en silencio o en la sombra, la que llega en patera o en furgoneta, la que sirve en los clubs de carretera o recoge en los invernaderos de plástico de Almería lo que los demás se comen. Custodio Pérez Pérez, jaenés nacido en 1983, que antes de escribir libros conoció trabajos de los que no dan titulares, conoce esa Andalucía porque la ha vivido de cerca, y en esta segunda trilogía la vuelve a convocar sin disimulo.

Andalucía negra 2 reúne tres novelas cortas —En un mar de plástico, Lo que calla la tacita y Deseo y oscuridad en la Costa del Sol— más un relato inédito, Tiempo de redención, publicadas juntas en marzo de 2026. Las novelas comparten un tejido de personajes que se repiten y se cruzan: Aberash, abogada sudafricana que huye tras el asesinato de su familia; Judith, joven rumana atrapada en una red de trata; Vane, que la auxilia; los agentes Rafa y Dani, con sus propios secretos acumulados. El mapa físico recorre la Costa del Sol, Cádiz y Almería, que no son tres provincias intercambiables sino tres formas de una misma herida: el litoral andaluz como frontera, como mercado y como vertedero.

El propio Custodio ha explicado que escribe sobre «trata de personas, inmigración, narcotráfico», y ha añadido que son «cosas que tenemos hoy día». La frase puede parecer humilde en exceso, casi una obviedad. Pero en esa humildad hay una declaración de intenciones que vale la pena tomar en serio: no escribe sobre el pasado ni sobre mundos lejanos, sino sobre lo que ocurre ahora mismo a pocos kilómetros de donde se vende un apartamento de lujo o se sirve un gazpacho en una terraza con vistas al mar. Esa contigüidad entre la normalidad turística y la brutalidad social que la sostiene es la tensión que alimenta las tres novelas.

Custodio ha dicho también que quiere que sus personajes sean «personas corrientes, que hablen y vivan como la gente de verdad». Eso significa que Aberash no es una heroína de cómic ni Judith una víctima pasiva ni Rafa un policía sin costuras: son seres en situaciones límite que toman decisiones con lo poco que tienen, y sus errores pesan tanto como sus aciertos. La coral funciona porque nadie en este libro ocupa el centro moral de la historia; todos están enredados en la misma maraña, aunque no todos por las mismas razones ni con las mismas consecuencias.

El título del conjunto lleva la palabra negra sin complejos, y esa apuesta sitúa el libro dentro de una tradición que en España ha dado novelas capaces de pensar la realidad social con más rigor que muchos ensayos: desde la Barcelona de Manuel Vázquez Montalbán hasta las islas de Alexis Ravelo, hay una genealogía de escritura negra que prefiere el crimen como síntoma antes que como enigma. Custodio se inscribe en esa línea con una geografía andaluza que llevaba tiempo esperando que alguien la tratara sin suavizar ni exotizar, sino como territorio donde las grandes fuerzas económicas y los cuerpos más vulnerables se encuentran y se destrozan.

La decisión de reunir las tres novelas más el relato inédito en un solo volumen no es solo una operación de catálogo. Es, sobre todo, una forma de demostrar que la Andalucía que Custodio lleva retratando desde el primer tomo tiene una consistencia propia: sus personajes regresan, sus escenarios se sedimentan y el crimen deja de ser episodio para volverse paisaje. Y en ese paisaje, que el sol brille con tanta fuerza no cambia nada: a veces, es exactamente lo que lo hace más difícil de ver.

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