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Los años decisivos de José Mateos. La memoria como territorio de batalla

La memoria como territorio de batalla

Hay libros que se escriben desde la necesidad, no desde el capricho, y «Los años decisivos» de José Mateos, publicado por Pre-Textos, pertenece a esa estirpe. No estamos ante una novela que busque entretener con artificios narrativos ni ante una reconstrucción nostálgica de tiempos pasados, sino ante un ejercicio de memoria que tiene mucho de ajuste de cuentas, de intento de comprender qué fue lo que sucedió en aquellos años de la Transición española cuando todo parecía posible y sin embargo todo terminó por disolverse en una melancolía difusa. Mediados de los años setenta. Marta Ortega, una muchacha de provincias, se marcha a estudiar Filosofía a Madrid. Ese movimiento geográfico es también un movimiento existencial, el que realizan quienes deciden abandonar el mundo conocido para buscar algo que ni siquiera saben nombrar pero que intuyen necesario.

Lo que encuentra Marta en Madrid es la agitación de una época, la efervescencia de una generación que creía estar cambiando el mundo mientras las estructuras profundas del país permanecían intactas. Mateos construye un personaje femenino que no es una heroína ni una mártir sino una mujer que intenta entender su lugar en medio del caos, alguien que vive de cerca los vaivenes de la Transición, las asambleas interminables, las manifestaciones, el fervor ideológico que coexiste con la camaradería y el cachondeo. La novela no idealiza aquellos años ni los condena; simplemente los muestra tal como fueron, con toda su contradicción, con toda su belleza y toda su miseria.

«Los años decisivos» es, ante todo, un fresco generacional, pero no uno de esos que se recrean en la nostalgia sino uno que interroga críticamente lo que significó ser joven en un tiempo de transformación política. Mateos no escribe desde la complacencia sino desde la lucidez de quien ha tenido el tiempo suficiente para mirar hacia atrás y preguntarse qué quedó de todo aquello. La novela funciona como una aventura existencial en busca de sentido, como el recorrido de alguien que intenta comprender por qué las promesas de cambio se fueron diluyendo en el tiempo, por qué la deriva ideológica de la izquierda terminó por defraudar a quienes creyeron en ella.

Lo interesante de esta novela es que no se contenta con ser un retrato de época sino que se atreve a plantear preguntas incómodas sobre el presente. Porque lo que Mateos interroga no es solo qué pasó en los años setenta sino qué nos hicimos a nosotros mismos en el proceso, qué renuncias aceptamos, qué traiciones justificamos, qué sueños abandonamos sin darnos cuenta. Hay en el libro una reflexión sobre la deriva ideológica de la izquierda que resulta especialmente pertinente en estos tiempos, cuando tantos de los que se declararon revolucionarios en su juventud terminaron ocupando posiciones de poder sin que eso supusiera ningún cambio real en las condiciones de vida de la mayoría.

La prosa de Mateos es clara, emocionante y antirretórica, como bien señala el crítico del Diario de Sevilla. No hay en ella concesiones al efectismo ni al sentimentalismo, sino una voluntad de contar las cosas tal como fueron, sin adornos pero sin cinismo. Esa claridad narrativa es una de las grandes virtudes del libro, porque permite que el lector acceda a la complejidad de aquellos años sin sentirse abrumado por el peso de la Historia con mayúsculas, sino reconociendo en los personajes de la novela a gente como uno mismo, con sus dudas, sus contradicciones, sus intentos de hacer lo correcto en medio de la confusión.

José Mateos, autor de «Mundo maravilloso», «La memoria del frío», «El niño sin huellas» y otras obras, demuestra en «Los años decisivos» una madurez narrativa que va más allá de la mera habilidad técnica. Lo que consigue en estas páginas es algo difícil de lograr: hablar del pasado de manera que ilumine el presente, construir una historia que funciona en varios niveles sin que ninguno de ellos eclipse a los otros. La novela puede leerse como un relato generacional, como una reflexión política, como una aventura existencial o como las tres cosas a la vez, y esa multiplicidad de lecturas posibles es una prueba de su riqueza.

La pregunta que recorre el libro de principio a fin es qué significa haber sido parte de una generación que creyó estar haciendo historia y que, sin embargo, terminó siendo cómplice de la perpetuación de un sistema que decía combatir. No es una pregunta retórica ni una acusación vacía, sino una interrogación honesta sobre los mecanismos del poder y las formas en que este nos transforma sin que nos demos cuenta. Marta Ortega, la protagonista, funciona como el hilo conductor de esa interrogación, como alguien que vive las contradicciones de su tiempo en carne propia y que no encuentra respuestas fáciles porque no las hay.

«Los años decisivos» se presenta como una novela necesaria, no solo porque recupera la memoria de un tiempo que sigue siendo fundamental para entender el presente español, sino porque lo hace desde una perspectiva que no se conforma con las versiones oficiales ni con las mitologías establecidas. Mateos escribe desde la convicción de que la literatura tiene que servir para algo más que para entretener, que debe ser capaz de interrogar la realidad y de ofrecernos herramientas para pensarla de otra manera. Y eso es precisamente lo que hace este libro: nos obliga a mirar de frente a una generación que vivió un momento decisivo de la historia reciente y a preguntarnos qué queda de todo aquello, qué aprendimos, qué olvidamos, qué seguimos arrastrando sin saberlo.

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