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Big Time: la gran vida de Perico Vidal de Marcos Ordóñez

El arte de vivir peligrosamente: la leyenda de Perico Vidal

Hay vidas que merecen ser vividas y, después, contadas. Vidas que se confunden con el país y sus delirios, que se nutren de noches interminables, de amores fugaces y de una intuición infalible para la extravagancia y el peligro. De eso va «Big Time: la gran vida de Perico Vidal», la obra de Marcos Ordóñez que regresa a las librerías como quien vuelve al ruedo a saldar cuentas con el tiempo. Porque lo de Perico Vidal no es sólo cine, ni sólo biografía. Es la crónica de una España que basculaba entre luces y sombras, la epopeya de quienes supieron estar donde había que estar, cuando la vida era un territorio para valientes.

Ordóñez, en su escritura afilada, rastrea las huellas del personaje y las sirve sin anestesia, como quien sabe que el mito no precisa adornos. Perico, ese prodigio de la intuición para el detalle humano, ese sospechoso habitual en los rodajes míticos y los bares en penumbra, atraviesa el libro con la insolencia y el encanto de los que se saben destinados a ser recordados. El lector asiste, casi en carne viva, a la formidable procesión de anécdotas, triunfos y desastres que armaron la leyenda. Los ecos del cine español —y algo más— resuenan en cada página, pobladas de nombres propios, frases lapidarias, amistades perdidas y mujeres inolvidables.

Aquí el tiempo no es sólo lo que pasa. Es lo que se queda: la mirada cómplice entre tipos duros, el aroma de whisky barato, la promesa de gloria y ruina en una misma apuesta. El viejo Madrid y sus correrías nocturnas, los festivales, las carcajadas y las derrotas, todo está aquí. Sin nostalgia impostada ni lirismo barato, Ordóñez reconstruye una vida de película —pero no para lucir la nostalgia, sino para entender que toda aventura merece su memoria y toda memoria su relato.

El libro es homenaje, ajuste de cuentas y manual de supervivencia. Una invitación a regresar, de la mano del gran Perico Vidal, al territorio imprevisible donde sucedieron las cosas que ahora, entre risas y cicatrices, aún nos hacen ser quienes somos. Lo demás es literatura. Esto, vida escrita con la precisión de un director de cine con oficio y corazón.

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