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Tal día como hoy León Tolstói falleció el 20 de noviembre de 1910

Lev Nikoláievich Tolstói nació en 1828 en el seno de una familia aristocrática rusa y falleció el 20 de noviembre de 1910, dejando tras de sí un legado literario que lo consagra como uno de los más grandes autores de la historia universal. Mundialmente conocido por las novelas Guerra y paz y Ana Karenina, consideradas la cúspide del realismo ruso junto a las obras de Fiódor Dostoyevski, Tolstói recibió múltiples nominaciones para el Premio Nobel de Literatura todos los años de 1902 a 1906 y para el Premio Nobel de la Paz en 1901, 1902 y 1910, aunque jamás obtuvo ninguno de los galardones, lo que constituye una gran controversia en la historia del premio.

Desde su juventud, Tolstói se esforzó por contribuir de manera práctica a la instrucción pública, concibiendo la idea de describir el proceso de formación del carácter del hombre desde los primeros años hasta la juventud. Como militar, participó contra los guerrilleros tártaros en los límites del Cáucaso y en la guerra de Crimea en 1853, experiencias que nutrirían sus primeras obras. Durante una cura reumática en las aguas termales en Piatigorsk, aburrido de largas horas encerrado en su habitación, se dedicó a la escritura, terminando el 2 de julio de 1852 su obra Infancia, a la que seguirían Adolescencia (1854) y Juventud (1856), conformando una trilogía semiautobiográfica. También de su experiencia militar surgieron los Relatos de Sebastopol (1855-1856), tres historias basadas en la guerra de Crimea que le valieron su primer reconocimiento literario.

Escribió sus dos novelas principales, Guerra y paz (1865-1869) y Ana Karenina (1875-1877), obras que lo erigieron como uno de los pensadores morales más fecundos y fascinantes de la literatura de todos los tiempos. Guerra y paz, obra cumbre junto a Ana Karenina de la narrativa del siglo XIX, constituye un vasto fresco histórico y épico con la campaña napoleónica contra Rusia como trasfondo —Austerlitz, Borodinó o el incendio de Moscú— entre los años 1805 y 1813. En ella se cuenta la historia de dos familias de la nobleza rusa, los Bolkonski y los Rostov, protagonistas de un mundo que empieza a escenificar su propia desaparición. La novela avanza entre escenas de guerra y paz, entrelazando destinos personales con acontecimientos históricos, retratando el amor, la pérdida, la fe y la búsqueda de sentido ante la inmensidad de los cambios sociales y políticos.

Tras estas monumentales novelas, Tolstói escribió obras destinadas a lectores cultos en las que se permitió un mayor espacio para desarrollar su poderosa inventiva. La más conocida de estas obras es La muerte de Iván Ilich (1886), una narración que explora con intensidad la confrontación del hombre con su propia mortalidad. En este relato, Tolstói se adentra en el tema de la finitud, describiendo cómo el protagonista descubre la inevitabilidad de la muerte y experimenta la aflicción proveniente de su desamparo vital, producto de la falta de preparación ante lo más importante de su vida. La obra plantea preguntas fundamentales sobre la existencia no examinada y propone una interrogación serena y profunda acerca del destino propio como algo moralmente superior a la huida.

Además de La muerte de Iván Ilich, escribió el cuento La sonata a Kreutzer (1889), que trata de la educación sexual y el matrimonio; la obra teatral El poder de las tinieblas (1888), una tragedia; y su última novela, Resurrección (1899), que narra la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos. También produjo Historias para el pueblo (1884-1885), textos con los que buscaba llegar a un público más amplio.

La profundidad de sus intuiciones humanas y la precisión psicológica en la descripción de sus personajes dejaron una huella imborrable en la historia de la literatura universal. Sus obras trascienden lo meramente literario para adentrarse en reflexiones filosóficas y morales sobre la vida, la muerte, el amor, la guerra, la justicia social y la búsqueda espiritual. Tolstói creía en la posibilidad de transformación moral del individuo y en la capacidad del ser humano para alcanzar una comprensión más profunda de sí mismo y de su relación con el mundo.

A 115 años de su fallecimiento, León Tolstói permanece como una figura monumental de las letras universales, cuyas novelas continúan siendo citadas como pináculos de ficción realista y cuyo pensamiento filosófico y moral sigue interpelando a las generaciones contemporáneas.

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