Actualidad NoticiasPremios y ReconocimientosRecortes de Actualidad

Antonio Moreno, Noelia Hernández e Inés Yarza, ganador y finalistas del Premio de Poesía Vitruvio

El prestigioso Premio de Poesía Vitruvio ha reconocido en su última edición a tres voces que representan distintas generaciones y sensibilidades de la poesía actual: el reconocido poeta Antonio Moreno y las autoras emergentes Noelia Hernández e Inés Yarza.
El jurado ha destacado la madurez expresiva, la hondura lírica y la coherencia poética de la obra de Antonio Moreno, uno de los nombres más sólidos de la poesía española contemporánea, cuya trayectoria se caracteriza por una mirada serena y contemplativa sobre el tiempo, la memoria y la experiencia interior.
Por su parte, las poetas Noelia Hernández e Inés Yaiza han sido reconocidas por la fuerza renovadora y la autenticidad de sus voces, que aportan una sensibilidad nueva a la poesía actual, combinando introspección, lenguaje depurado y una visión personal del mundo contemporáneo.
Con este fallo, el Premio Vitruvio reafirma su compromiso con la diversidad y la excelencia poética, distinguiendo tanto a autores de larga trayectoria como a nuevas voces que comienzan a abrirse paso con fuerza en el panorama literario.

Tres voces que afinan la respiración del poema

En tiempos en los que la poesía corre el riesgo de sonar como un eco de sí misma, el Premio Vitruvio tiene la rara virtud de recordarnos que el poema, cuando se pronuncia de verdad, vuelve a organizar el aire. La noticia de que Antonio Moreno ha sido reconocido junto a Noelia Hernández e Inés Yarza no supone solo un fallo de jurado, sino una declaración de fe en la palabra que sigue respirando desde sus propios silencios. En los tres, con edades, ritmos y huellas distintas, hay una misma intención: nombrar lo esencial sin ruido.

Antonio Moreno escribe como quien sostiene una vela frente a la corriente. Su obra ha ido afinando una voz en la que el tiempo es apenas una materia tibia, un aliento que se posa sobre las cosas antes de desaparecer. La madurez expresiva que el jurado celebra no es solo técnica: es ética. En sus versos, lo cotidiano se vuelve presencia y la experiencia, un modo de estar en el mundo con la serenidad de quien ya ha aprendido a mirar sin exigir milagros. Es una poesía que no interpreta, sino que acompaña. Que no predica, sino que recuerda.

Frente a esa calma madura, llegan Hernández e Yarza como dos pulsos nuevos que reordenan el lenguaje. En Noelia Hernández hay una exactitud contenida, una claridad casi mineral. Su voz desarma desde la limpieza, desde esa rara paradoja que une inocencia y lucidez. Inés Yarza, en cambio, escribe con una temperatura distinta: la de la exploración, la del vértigo sensorial que busca en el ritmo del poema la forma de reconocer el dolor y ponerle cadencia. Ambas laten en el territorio donde el poema es también una forma de resistencia, un intento de abrir ventana en una época donde la transparencia escasea.

El fallo del Vitruvio cristaliza, en esta tríada, una idea de continuidad. No se premia aquí una moda ni una ocurrencia editorial: se premia la fidelidad a un pulso. Antonio Moreno sostiene la tradición sin asfixiarla; las dos poetas más jóvenes la empujan hacia otras luces. En conjunto, la imagen es clara: la poesía sigue siendo el territorio donde se custodia lo humano. Y acaso de eso se trate este reconocimiento: honrar no lo que se escribe, sino lo que se sostiene mientras se escribe. Porque hay versos que, como los suyos, no buscan aplausos: buscan altura. Y eso, hoy, equivale a una forma de coraje.

Noticias relacionadas

László Krasznahorkai: un premio Nobel muy merecido
Setenta años sin Ortega y Gasset, un intelectual único e irrepetible