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La doble desaparición de Abril del Pino de Marina Sanmartín Pla. Reflexión sobre la escritura y la verdad

El misterio a dos tiempos: cuando el thriller se convierte en reflexión sobre la escritura y la verdad

Marina Sanmartín Pla entrega con La doble desaparición de Abril del Pino (Salamandra, 22 de enero de 2026) una novela que desde su propio título anuncia ambición formal: no estamos ante una desaparición convencional, sino ante una doble ausencia que obliga a mirar hacia estratos narrativos distintos, capas temporales que se superponen y entrelazan. La autora valenciana, librera, periodista cultural y autora ya de cinco novelas previas —entre ellas Las manos tan pequeñas, ganadora del Premio a Mejor Novela en el festival Valencia Negra 2022—, conoce bien los resortes del género y sus posibilidades. Pero esta vez ha escrito algo más que un thriller efectista: ha construido un homenaje consciente y documentado a la novela clásica de misterio, un artefacto literario que funciona como enigma criminal y como meditación sobre el mundo del libro, la escritura y la ficción misma.

Madrid, diciembre de 2024, vísperas de Navidad, y Abril del Pino, la autora de novela negra más leída del país, desaparece sin dejar rastro de su ático de lujo frente al Retiro. Todo en orden, nada fuera de su sitio, pero la hipótesis del secuestro pronto toma consistencia mientras miles de lectores siguen el caso con el alma en vilo, en una suerte de mise en abyme entre ficción y realidad que Sanmartín explota con inteligencia. El inspector José Manuel Castillo rastrea el camino de Abril hasta su última aparición pública: una cena de la sociedad literaria Rame-Tep, celebrada en la librería Las Palabras Mágicas de la plaza de la Marina Española, regentada por Ágata Caballé. A partir de ahí, la investigación se adentra en un territorio donde medias verdades, pasados ocultos y silencios cómplices obligan al inspector a mirar más allá de lo evidente, a comprender que cada personaje parece tener motivos para mentir y que Ágata Caballé, esquiva y necesaria, es una pieza fundamental de un laberinto de sospechas que se despliega entre Madrid y Valencia.

Lo que distingue a esta novela de otros thrillers convencionales es su voluntad de trascender el mero entretenimiento argumental para convertirse en una indagación sobre la naturaleza del relato y la figura de la escritora como personaje público y sujeto privado. Sanmartín, que lleva toda la vida dedicada a los libros como librera en Cervantes y compañía de Madrid y Ponferrada, y que escribe con regularidad sobre ficción criminal en ABC Cultural y El Periódico de España, sabe bien que el género negro no es solo una cuestión de cadáveres y culpables sino de estructura narrativa, de tiempos que se cruzan, de memoria que interviene en el presente. La doble desaparición del título apunta precisamente a eso: no solo al hecho físico de que Abril del Pino se esfume, sino a la desaparición de su identidad real bajo la máscara del personaje público, bajo el nombre literario que ha construido y que ahora parece devorarla. Hay algo de juego metaficcional en esta propuesta, algo que conecta con la mejor tradición del misterio clásico donde el enigma no era solo policial sino existencial, donde la pregunta sobre quién mató se transformaba en la pregunta sobre quién es realmente cada uno de los sospechosos.

La crítica que ha seguido la trayectoria de Sanmartín reconoce en su voz narrativa frescura y ambición, como señala Marta Rivera de la Cruz, y Lorenzo Silva subraya que la autora valenciana le hace al noir «el mejor regalo: una buena dosis de literatura». No es un elogio menor en un género donde a menudo se confunde efectismo argumental con calidad literaria, donde la acumulación de giros y violencia pretende compensar la ausencia de estilo y reflexión. Sanmartín, en cambio, escribe con conciencia de que el thriller literario exige equilibrio entre tensión narrativa y construcción formal, entre el placer de la intriga y la exigencia de una prosa que no se contente con funcionar como mero vehículo argumental. La apuesta de esta novela por las capas temporales, por la memoria que interviene en el presente de la investigación, por los flashbacks que reconstruyen la vida de Abril del Pino antes de su desaparición, sitúa el relato en un territorio de mayor complejidad estructural que obliga al lector a participar activamente en el montaje de las piezas del rompecabezas.

Ambientada entre Madrid y Valencia, la novela funciona también como recorrido por espacios literarios concretos: la librería Las Palabras Mágicas, la sociedad literaria Rame-Tep, el mundo de las presentaciones y las cenas de fin de ciclo donde escritores, libreros y lectores entusiastas tejen una red de relaciones personales y profesionales que no siempre resultan transparentes. Sanmartín conoce bien ese territorio, lo ha habitado durante años desde dentro, y eso se nota en la verosimilitud de los ambientes, en la descripción de los rituales del mundillo literario, en la forma en que los personajes hablan y se relacionan. No hay idealización ni cinismo excesivo, sino una mirada equilibrada que reconoce la pasión genuina por los libros y al mismo tiempo no oculta las miserias humanas que pueden aparecer en cualquier entorno, incluido el literario. La desaparición de Abril del Pino se convierte así en pretexto para una radiografía del mundo editorial y del libro, con sus luces y sus sombras, con sus lectores devotos y sus autores atrapados en la presión de la fama y las expectativas del mercado.

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