Libros y LecturasReseñas y Crítica

Oxígeno. Marta Jiménez Serrano. Cuando la muerte llega sin drama y el amor te obliga a mirarla de frente

Cuando la muerte llega sin drama y el amor te obliga a mirarla de frente

Hay muertes espectaculares y muertes silenciosas, de esas que no avisan ni dejan tiempo al verso elegante ni al gesto heroico. Marta Jiménez Serrano publica ahora en Alfaguara Oxígeno, el libro que confesadamente nunca hubiera querido escribir, y que tardó cinco años en sacar a la luz porque contar cómo te moriste un sábado cualquiera en tu propio salón, con la caldera fugando monóxido de carbono mientras tú y tu pareja os adormecíais sin saberlo, exige tragar mucho aire antes de ponerse a teclear. Noviembre de 2020, pocos meses antes de que su primera novela Los nombres propios llegara a las librerías, y la escritora madrileña (1990) estuvo a punto de no llegar a nada más: cayó desplomada al ir al baño, se golpeó la cabeza, y ese ruido salvó dos vidas porque hizo reaccionar a Juan Gómez Bárcena, su pareja, también escritor, también intoxicado. Los sanitarios del SUMMA llegaron, el detector de monóxido sonó como alarma de guerra, los bomberos clausuraron la caldera, y ambos acabaron en camillas que alguien tuvo la decencia humana de emparejar dentro del hospital durante un trecho. No hace falta inventar símbolos cuando la realidad tiene esa clase de pulso narrativo.

Lo que Jiménez Serrano cuenta en estas ciento cincuenta páginas no es un relato de aventura extrema ni un thriller hospitalario, sino algo más difícil de narrar: los minutos en que la vida se escapaba sin aspecto épico, sin dolor, sin olor, solo una muerte indolora e inodora que mecía a sus elegidos para llevárselos discretamente. El libro despliega tres tiempos: el presente del accidente y la recuperación, el pasado de la historia sentimental de Marta y Juan, y el futuro de las consecuencias traumáticas que obligaron a tratamiento psicológico. De esos tres cauces narrativos el que mejor funciona es el de la pareja: una historia de amor algo romántica e idealista, sí, pero equilibrada por un análisis lúcido de cómo se fragua un trato cotidiano, cómo se construye vida en común sin pensar que puede romperse en cualquier momento. Jiménez Serrano combina sensibilidad, sentido del humor y lucidez para hablar de lo que importa de verdad: el amor, la muerte, lo que motiva a levantarse cada mañana y la celebración asombrada de seguir aquí cuando pudiste no estar.

Pero el libro no se limita a narrar la experiencia límite. También ajusta cuentas: celebra con nombres y apellidos a los profesionales de la salud que actuaron con pericia, profesionalidad y empatía, desde los trabajadores del SUMMA hasta los facultativos del hospital, pasando por el psicólogo que la trató después y sin el cual, dice, «estaría en un lugar mucho más oscuro; y sería otra: una menos lúcida, menos responsable y menos feliz». Y denuncia con sarcasmo y tono beligerante el cinismo y la codicia de la arrendadora del piso, su conducta irresponsable y delictiva, y la situación de desamparo en que se encuentran los inquilinos en España. Ahí el texto adquiere carácter de denuncia social, se sale del ámbito íntimo para señalar un problema general y urgente: el de la falta de vivienda y la desprotección legal de quien alquila. No es un añadido menor: forma parte de la rabia que deja saber que lo que pudo matarte era evitable, que la trampa estaba en tu propia casa, y que nadie se hace cargo después.

Jiménez Serrano es licenciada en Filología Hispánica, máster en Estudios Literarios y Letras Modernas, vivió cuatro años en Francia enseñando literatura en la Universidad de Lorena, y lleva publicados un poemario, La edad ligera (accésit del Adonáis 2020), la novela Los nombres propios (Sexto Piso, 2021), y el libro de cuentos No todo el mundo (Sexto Piso, 2023), que obtuvo el Premio Nollegiu 2023 y fue finalista del Premio de las Librerías de Madrid y del de Literatura Open Bank de Vanity Fair. Con Oxígeno se atreve con la escritura del trauma real, esa que exige mirar de frente a la muerte para poder seguir viviendo sin fingir que no pasó nada. No es literatura que busque el efectismo, sino la verdad de lo vivido ordenada en forma de relato que conjuga tensión narrativa, ansiedad y esperanza. Tardó en llorar, tardó en hablar, tardó cinco años en escribirlo. Y el resultado es un libro honesto, necesario, que no se regodea en el dolor pero tampoco lo disfraza, que celebra la vida desde la conciencia de lo frágil que es, y que reivindica derechos básicos como la salud mental, la vivienda digna y el respeto a quien casi se muere por negligencia ajena.

Noticias relacionadas

La reina de la nada de Holly Black. La reina que vuelve donde la echaron