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Andalucía negra de Custodio Pérez. Cuando el sur habla en negro y nadie quiere escuchar

Cuando el sur habla en negro y nadie quiere escuchar

Custodio Pérez acaba de publicar en un solo volumen la trilogía Andalucía negra, que agrupa Granada oscura, Mitos y leyendas del mar de los olivos y El triángulo del sur, tres novelas escritas desde los olivares de Jaén por un tipo que nunca pisó una facultad de letras y que aprendió a narrar leyendo a Stephen King mientras trabajaba de carpintero y jornalero. El resultado es un fenómeno editorial inesperado que ha saltado a los primeros puestos de ventas después de que su autor apareciera en La revuelta de Broncano pidiendo ser entrevistado con la misma desfachatez con la que se pide trabajo en una esquina. Aquí no hay agentes literarios ni máster en escritura creativa, solo un hombre que cuenta historias sin pedir permiso y que ha encontrado un público cansado de la novela negra edulcorada que se vende en las librerías de aeropuerto.

La trilogía arranca en Granada, donde los inspectores Juan Gutiérrez y Javi Gómez, junto con la agente de la Guardia Civil Silvia y Alba, investigan una serie de asesinatos que huelen a ritual, a venganza antigua y a todo lo que el turismo de la Alhambra prefiere no ver. Custodio no tiene miedo de meter las manos en la mierda y lo hace sin guantes: bebés robados durante el franquismo, conspiraciones familiares que vienen de la Guerra Civil, leyendas locales que se vuelven reales y una Andalucía que sangra por heridas que nunca llegaron a cerrarse. No es novela negra para pasar el rato en la playa, sino para entender que hay sitios donde el pasado no se entierra porque la tierra misma es memoria y rencor.

Lo que funciona aquí es la honestidad brutal con la que Custodio retrata el sur de España, sin folclore para guiris ni exotismo de postal. Sus personajes hablan como habla la gente de pueblo, piensan como piensan los que han visto demasiado y callan demasiado, y se mueven por ciudades que reconoces porque no están maquilladas para la ocasión. Granada no es aquí la ciudad de García Lorca ni la del misticismo barato que venden las guías turísticas, sino un lugar donde la corrupción, el desencanto y la violencia conviven con la normalidad de quien ya no espera nada de las instituciones. Entre acordes de rock clásico y metal, sexo sin pudor y crímenes que destripan tanto cuerpos como secretos familiares, la trama avanza sin concesiones al lector que busca consuelo moral o finales redentores.

La estructura de trilogía integral tiene su lógica comercial pero también narrativa: cada novela cierra un caso pero abre otro más profundo, más personal, más cercano a los protagonistas, hasta que el lector entiende que la amenaza real nunca estuvo en los asesinos sueltos sino en el sistema que los ampara y los cría. Granada oscura funciona como puerta de entrada, El mar de los olivos expande el territorio hacia Jaén y la Andalucía rural, y El triángulo del sur cierra un círculo que abarca desde las trincheras de la Guerra Civil hasta las oficinas de la corrupción contemporánea. Custodio construye un universo hipnótico donde la ley tiene un precio que casi nadie puede pagar y el pasado nunca muere del todo porque hay demasiada gente interesada en mantenerlo vivo.

Lo más notable de todo esto no es que la trilogía venda —que vende, y mucho— sino que lo haga un autor que hasta hace tres años tiraba cien ejemplares en ferias locales y viajaba cinco horas en un Audi del 2006 para aparecer en televisión porque no podía entrar en Madrid por las restricciones a los diésel. Ediciones Temas de Hoy ha tenido el acierto de recoger las tres novelas en un solo volumen y lanzarlas en un momento en que el mercado busca voces nuevas que no suenen a taller de escritura ni a fórmula prefabricada. Custodio escribe desde la rabia, desde el conocimiento de primera mano de lo que significa vivir en el sur sin red de seguridad, y eso se nota en cada página. No es literatura para premios ni para suplementos culturales, pero sí para lectores que quieren que les cuenten historias sin adornos ni disculpas.

La trilogía no reinventa el género negro ni pretende hacerlo, pero ofrece algo más valioso: una mirada descarnada sobre un territorio que la literatura española lleva décadas tratando con condescendencia o directamente ignorando. Aquí cada sombra es un secreto, cada calle una traición, y el crimen no es solo el que se comete con navajas o veneno sino el que se perpetúa desde los despachos, las familias y las instituciones que prefieren el olvido a la verdad. Custodio lo cuenta sin aspavientos pero sin concesiones, y eso basta para que su trilogía merezca ser leída de un tirón, que para eso se ha publicado junta.

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