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Como la piel al sol de una lagartija de Berta Piñán. El crimen como excusa para hablar de la vida.

El crimen como excusa para hablar de la vida

Berta Piñán, poeta asturiana con una larga trayectoria en la literatura en lengua asturiana, publica «Como la piel al sol de una lagartija» en Hoja de Lata, y lo hace desde un lugar que no es exactamente el que uno esperaría de alguien que se estrena en la novela. No hay aquí el temor del principiante ni la tentación de imitar modelos establecidos, sino una voz madura, segura de sí misma, que decide contar una historia de crimen en el medio rural asturiano pero que en realidad está hablando de otra cosa: de la amistad entre mujeres, de la soledad, de cómo se vive cuando uno ha dejado atrás ciertas expectativas y ha aprendido a conformarse con lo que tiene. La novela ganó el Premio María Xosefa Xovellanos en 2017 en su versión original en asturiano, y ahora llega al castellano para demostrar que el género negro puede ser también una herramienta para explorar territorios que van mucho más allá del simple enigma policial.

La historia se sitúa en La Llosa, una aldea asturiana del interior donde viven Xuana y Taresa, vecinas de puerta que se han convertido en amigas a pesar de ser tan distintas como un huevo y una castaña. Xuana es una maestra jubilada que ha vuelto al campo después de toda una vida en la ciudad, alguien que arrastra una historia que la novela irá revelando poco a poco. Taresa es una mujer de pueblo con una energía inagotable, una sabiduría que ha construido viendo la televisión y una generosidad que no pide nada a cambio. Alrededor de ellas gravitan otros personajes: Paulino y su familia, incluida la vaca Frida que está a punto de parir; Tino, un hombre de pocas palabras sobre el que circulan rumores en el pueblo; y Salva, la veterinaria rural que vive en una finca apartada.

La trama se pone en marcha cuando Xuana encuentra el cadáver de una chica en un maizal junto a su casa. La víctima es una jovencísima prostituta del Afrodita, un club de carretera de la zona, y los periodistas locales no tardan en bautizarla como «la chica del maizal». De pronto, la apacible existencia vecinal se rompe y Xuana se convierte en una testigo molesta para quien haya dejado allí a la víctima. El caso cae en manos del sargento Ginés y su equipo, los jóvenes Helena y Pablo, más acostumbrados a lidiar con trifulcas de bar que con asesinatos. Pero lo interesante de la novela no es tanto la investigación policial como la forma en que ese crimen altera la vida de la comunidad, cómo hace emerger secretos que estaban sepultados bajo la aparente tranquilidad del campo.

Lo que distingue a «Como la piel al sol de una lagartija» de muchas otras novelas negras ambientadas en entornos rurales es que Piñán no recurre a los estereotipos habituales del género. No hay aquí un detective brillante ni una trama llena de giros espectaculares, sino una mirada atenta a la cotidianidad, a los pequeños rituales que sostienen la vida en común, a los cafés de patio al atardecer y a los mercados de domingo. Como bien señala Marta Marne en El Periódico de Catalunya, estamos ante un «fantástico antithriller rural», porque la novela no se deja llevar por las convenciones del género sino que las usa para hablar de las vidas de estas mujeres, de sus miedos, de sus reconciliaciones con la existencia.

Carlos Zanón, en su reseña para La Vanguardia titulada «Rincón negro: morirse a trozos», pone el foco en algo que resulta fundamental para entender esta novela: no es una obra que busque el impacto fácil del crimen sino que usa el asesinato como excusa para explorar la violencia más sutil, la que se ejerce sobre las mujeres en el medio rural, la que tiene que ver con la pobreza, con la falta de oportunidades, con la prostitución como única salida. Hay en la novela una consciencia política que nunca resulta panfletaria, una voluntad de mostrar las desigualdades sin subrayarlas con trazo grueso, dejando que sea el lector quien extraiga las conclusiones.

Piñán construye personajes femeninos que se salen de los moldes habituales. Como bien apunta Laura Marcos en la web de Hoja de Lata, si una inteligencia artificial construyera su visión de la tierra a partir de la ficción criminal al uso, se figuraría que el noventa por ciento de las mujeres son prostitutas o policías. Esta novela llega a conclusiones más reales porque puebla sus páginas de mujeres que son maestras jubiladas, vecinas generosas, veterinarias rurales, mujeres que tienen vidas complejas y que no necesitan del crimen para resultar interesantes. Esa es quizá la gran apuesta de la novela: devolver a las mujeres del medio rural una dignidad narrativa que el género negro les ha negado con demasiada frecuencia.

La ambientación es uno de los grandes aciertos del libro. Piñán conoce el territorio sobre el que escribe, no desde la mirada turística sino desde la familiaridad de quien ha vivido allí o ha prestado atención suficiente como para entender sus códigos. La Asturias rural que aparece en estas páginas no es pintoresca ni idealizada, sino un lugar donde la vida transcurre con sus servidumbres y sus placeres, donde los partos bovinos son parte del paisaje cotidiano y donde las conversaciones de patio pueden ser tan reveladoras como cualquier interrogatorio policial. Como señala uno de los lectores en Casa del Libro, la ambientación es estupenda, y el misterio, aunque se resuelve precipitadamente, resulta original.

«Como la piel al sol de una lagartija» es, en definitiva, una novela que funciona en varios registros al mismo tiempo. Puede leerse como un thriller rural, y cumple con las expectativas del género sin traicionarlas, pero también puede leerse como un retrato de la amistad entre mujeres, como una reflexión sobre el envejecimiento y la soledad, como una crítica a la violencia que se ejerce sobre las más vulnerables. Piñán ha conseguido algo difícil: escribir una primera novela que no parece una primera novela, que tiene la seguridad de quien ha encontrado su voz y sabe qué quiere contar, y que además demuestra que el género negro puede ser mucho más que un entretenimiento, puede ser una forma de mirar la realidad con lucidez y sin concesiones. Las mujeres de esta novela, como dice la propia autora, se han reconciliado con la vida, y eso es algo que no abunda en la ficción criminal contemporánea.

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