El detective perdido en la historia
Andréi Kurkov vuelve con «El corazón negro», publicado por Alfaguara, y lo hace como quien regresa a un territorio que conoce bien pero del que todavía puede extraer nuevas verdades. No se trata de una novela histórica al uso, de esas que pretenden recrear el pasado con minucia de anticuario, sino de un ejercicio literario que usa la Historia como escenario moral, como campo de batalla donde los personajes deben tomar decisiones que los definen y, de paso, nos definen a nosotros. Estamos en el invierno de 1920, Kiev bajo control bolchevique, y lo primero que uno advierte es que Kurkov no escribe sobre el pasado sino sobre la condición humana cuando las estructuras que sostenían el mundo se desmoronan.
El protagonista es Samson Kolechko, joven investigador de la comisaría de Lybid, a quien le asignan un caso que en apariencia no tiene mayor trascendencia: la venta ilegal de carne de cerdo en medio de una hambruna devastadora. El detalle es casi satírico, casi tragicómico, y ahí está uno de los grandes aciertos de Kurkov, esa capacidad para mostrar cómo en los peores momentos de la Historia los seres humanos siguen ocupándose de menudencias, de pequeños delitos que revelan la fragilidad del orden social. Samson intenta cumplir con su deber, parar el contrabando en el mercado judío, pero la realidad tiene otros planes para él. Su prometida Nadezhda, con quien convive fuera del matrimonio, es secuestrada por ferroviarios en huelga que se oponen al censo del nuevo gobierno, y de pronto el caso de la carne de cerdo pasa a segundo plano y lo que emerge es una investigación a contrarreloj que compromete no solo su vida sino su sentido de la justicia.
La novela se complica cuando a todo lo anterior se añade un accidente mortal de tranvía que puede haber sido premeditado y la posible reaparición de un asesino del pasado. Kurkov construye una trama en la que cada hilo narrativo se entrelaza con los demás hasta formar un tejido denso, opresivo, donde la corrupción, el miedo, la supervivencia y la traición son las fuerzas que mueven a los personajes. No es una novela negra convencional, aunque tenga elementos del género, sino una reflexión sobre el poder, sobre cómo los cambios políticos transforman a las personas y las obligan a renunciar a sus principios o a defenderlos a costa de todo.
Lo interesante de «El corazón negro» es que Kurkov no idealiza a su protagonista ni lo convierte en un héroe épico. Samson es un hombre común atrapado en circunstancias extraordinarias, alguien que intenta mantener cierta decencia en un mundo que ha dejado de creer en ella. La novela funciona porque no recurre a los lugares comunes de la literatura histórica, no se regodea en la recreación del pasado por el pasado mismo, sino que usa ese contexto para hablar de algo más profundo, más urgente: qué significa ser honesto cuando la honestidad puede costarte la vida, qué significa amar cuando el amor es un lujo que pocos pueden permitirse.
Kurkov, a quien la revista Lire sitúa entre los cincuenta mejores escritores del mundo, demuestra en esta novela una maestría que va más allá de la técnica narrativa. Su prosa es precisa, sin adornos innecesarios, y al mismo tiempo capaz de construir una atmósfera cargada de tensión y de humanidad. La mirada que arroja sobre la sociedad ucraniana de 1920 es satírica pero nunca cruel, aguda pero nunca distante. Hay en su escritura una compasión hacia los personajes que no excluye la lucidez, una voluntad de entender sin justificar. Y eso es precisamente lo que convierte «El corazón negro» en una novela que trasciende su contexto histórico y se instala en el presente, porque las preguntas que plantea no son solo sobre el pasado sino sobre cualquier tiempo en el que las certezas se desmoronan y los individuos deben decidir quiénes son.
La novela es la segunda entrega de una serie que comenzó con «Samson y Nadiezhda», pero puede leerse de manera independiente sin que eso merme su disfrute. Lo que sí es cierto es que Kurkov ha construido un personaje, Samson Kolechko, que tiene todas las condiciones para convertirse en un referente de la literatura contemporánea, alguien con quien el lector puede identificarse no porque sea excepcional sino porque es profundamente humano. En un emocionante torbellino de acontecimientos, entre vendedores fraudulentos, estafadores profesionales y peligrosos individuos dispuestos a todo, Samson llevará una pesquisa en varios frentes para reencontrarse con Nadezhda mientras su mundo cambia para siempre.
«El corazón negro» no es una novela fácil, no en el sentido de que sea difícil de leer, sino en el sentido de que exige del lector una disposición a enfrentarse con la ambigüedad moral, con la imposibilidad de las respuestas sencillas. Kurkov no ofrece consuelo ni finales redentores, pero sí ofrece algo más valioso: una visión de la condición humana que no renuncia a la complejidad, que no simplifica la Historia para hacerla más digerible. Es, en definitiva, una novela que se lee con la certeza de que estamos ante un escritor que sabe de qué habla, que ha mirado de cerca los abismos de la Historia y ha decidido contarlos sin aspavientos pero sin concesiones.









